Experto de la Universidad de Talca advierte sobre la urgencia de proteger los sistemas de agua dulce
Ríos y humedales cumplen un rol fundamental para enfrentar la crisis climática. Estos ecosistemas actúan como reguladores naturales del agua, almacenando durante las lluvias y liberando en períodos de sequía, lo que permite mantener el caudal de los ríos y asegurar disponibilidad hídrica para comunidades y ecosistemas.
Además, funcionan como grandes reservorios de carbono, contribuyendo a mitigar los efectos del cambio climático al capturar CO₂ y ayudar a reducir las temperaturas extremas. Su presencia también ofrece una barrera de protección contra desastres naturales, ya que disminuyen el impacto de inundaciones, marejadas o crecidas de ríos al absorber y filtrar grandes volúmenes de agua.
En este contexto, el académico y especialista en temas medioambientales Mauricio Quiroz destacó que la conservación de estos ecosistemas no puede seguir siendo postergada. A su juicio, los ríos y humedales son “infraestructura natural” que protege directamente a las comunidades, por lo que su destrucción o degradación pone en riesgo tanto la biodiversidad como la seguridad de las personas.
Su importancia es aún mayor en zonas urbanas y rurales expuestas a fenómenos climáticos extremos, donde los ríos y humedales se convierten en una defensa natural clave. Sin embargo, estos ecosistemas se encuentran en retroceso, producto de la urbanización, la contaminación y el mal uso del suelo, lo que amenaza directamente su capacidad de cumplir estas funciones vitales.
La conservación y restauración de ríos y humedales no solo es una tarea ambiental, sino también una necesidad urgente para garantizar la seguridad, la calidad de vida y la resiliencia de las comunidades frente al cambio climático.






