Una resolución del SEA publicada hoy permite que el megaproyecto avance en una zona inundable colindante al Humedal Urbano Cajón del Río Claro, pese a advertencias de organismos técnicos del propio Estado.
Talca lo hizo de nuevo. Esta vez, con una decisión que genera inquietud entre expertos y organizaciones ambientales: el Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) del Maule resolvió que el proyecto del nuevo casino Dreams no necesita someterse a un Estudio de Impacto Ambiental (EIA), pese a que se ubica a menos de 200 metros del humedal urbano Cajón del Río Claro y Estero Piduco, en un terreno oficialmente catalogado como zona inundable.
La resolución se da a conocer justo cuando distintos organismos del Estado, como la Dirección General de Aguas (DGA) y la Dirección de Obras Hidráulicas (DOH), han advertido que este terreno presenta una alta vulnerabilidad a la contaminación y alteración de flujos hídricos, condiciones que —según establece el artículo 10 letra s) de la Ley 19.300— obligarían al ingreso al SEIA.
Pese a ello, el SEA resolvió no exigir evaluación ambiental formal. El proyecto contempla un casino, centro de convenciones, hotel y estacionamientos subterráneos en un paño perteneciente a Agrícola Central, junto al histórico recinto ferial de Fital.
Reuniones, presión y plazos
Según registros de la Ley de Lobby, representantes del proyecto han sostenido al menos cinco reuniones con autoridades medioambientales a lo largo del año. La más reciente fue el 13 de junio, con la directora nacional del SEA, Valentina Durán. El objetivo sería asegurar que el proyecto esté operativo a más tardar en octubre de 2026, plazo límite fijado en la concesión adjudicada por Dreams para operar en la ciudad.
La defensa oficial: “No hay riesgo”
Daniela de la Jara, Seremi del Medio Ambiente del Maule, no accedió a responder preguntas sobre la polémica decisión y se limitó a enviar una declaración escrita en la que defiende la resolución argumentando que el análisis técnico la respalda. “En el marco de nuestras competencias, mediante Oficio Ordinario hemos dado respuesta sobre la pertinencia de ingreso al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA) del proyecto ‘Modificación Parque Ferial AGAC’, ante el Servicio de Evaluación Ambiental (SEA)”, señala en su comunicado.
La Seremi destaca que los antecedentes fueron evaluados por el Centro de Humedales Río Cruces de la Universidad Austral, “principal referente académico en materia de humedales a nivel nacional y ente autónomo y experto”. Según este análisis, “el proyecto no presenta una incidencia relevante al medioambiente, descartando una potencial afectación sobre el Humedal Urbano Cajón del Río Claro y Estero Piduco en Talca”.
De la Jara enfatiza que “la intervención se encuentra completamente fuera del perímetro de protección del humedal urbano (a más de 344 metros de distancia) y no genera riesgos de alteración física o química a los componentes bióticos del ecosistema”. Además, indica que el titular del proyecto presentó “un estudio de buenas prácticas, donde se compromete a implementar un set de buenas prácticas ambientales” y que solicitaron considerar la Norma Lumínica para “transitar hacia una iluminación sostenible”.
La crítica ambientalista: “Riesgo subestimado”
Sin embargo, la Corporación de Desarrollo Sustentable BioEcoTerra expresa su profundo desacuerdo con la decisión. La organización lamenta “la decisión de la autoridad ambiental, específicamente del director regional del servicio de evaluación ambiental del Maule, de eximir de la obligación de ingresar al servicio de evaluación de impacto ambiental o a un estudio de impacto ambiental al proyecto del nuevo casino”.
La corporación recuerda que el humedal “ha sufrido numerosas afectaciones con la extracción de áridos, con las competencias de motocross que se han desarrollado en su entorno u otro tipo de actividades como la reciente fiesta de la independencia, que no dan cuenta de una efectiva protección respecto de este humedal”.
Contradiciendo la evaluación oficial, BioEcoTerra argumenta que “a contrario de lo que piensa el director del SEA, la Dirección General de Aguas y la DOH manifiestan que la gran cercanía que existe en las napas subterráneas con la superficie significa que en el lugar donde se va a construir este casino, va a significar una interacción de los materiales de construcción y las fundaciones con estas napas subterráneas que alimentan específicamente el humedal en comento”.
La organización advierte sobre el “riesgo de que un inadecuado uso de material o algún tipo de material pudiera contaminar estas napas subterráneas y estas aguas ser trasladadas al humedal, donde puedan afectar de manera irreparable la flora o la fauna”.
“Nosotros creemos que era necesaria una evaluación de impacto ambiental, no porque nos opongamos derechamente al proyecto, sino porque queremos que se sopesen adecuadamente cada uno de los riesgos que pudieran ocurrir para que se tomen medidas preventivas antes de que se lleguen a ocasionar daños irreparables sobre la flora y la fauna del humedal”, precisa la corporación.
Un humedal que resiste
El Humedal Cajón del Río Claro fue declarado urbano por resolución del Ministerio del Medio Ambiente en diciembre de 2024. Es hábitat de especies protegidas como el picaflor chico, sapo de rulo, zorzal patagónico y culebra de cola larga. El ecosistema cumple un rol clave en la regulación hídrica de la ciudad, especialmente frente a lluvias intensas.
Con una superficie aproximada de 348,41 hectáreas, el humedal enfrenta ahora la construcción de un megaproyecto en sus inmediaciones, mientras las voces críticas advierten sobre los riesgos no evaluados.
La última carta
Ante la decisión del SEA, BioEcoTerra señala que “la única alternativa que nos queda ahora es que la Superintendencia del Medio Ambiente haga uso de las facultades que están establecidas en el artículo tercero de su ley orgánica constitucional y obligue a que este proyecto sea sometido, a pesar de la decisión del servicio de evaluación ambiental, a una evaluación consensuada que nos permita sopesar adecuadamente los eventuales riesgos que esto conlleve”.
Pese a las controversias, el megaproyecto avanza sin evaluación ambiental. En cualquier otra ciudad, la historia podría ser distinta. Pero en Talca, al parecer, la excepción sigue siendo la regla.






